La Formación Profesional que viene: alianzas, competencias y empleabilidad

Alumnado de Formación Profesional trabajando en un entorno de aprendizaje práctico y tecnológico
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La Formación Profesional ha ganado un espacio propio entre las decisiones educativas y profesionales de miles de personas, que encuentran en ella una vía para acceder a una profesión, especializarse o construir un itinerario más próximo al trabajo. Con más personas apostando por esta opción, el desafío pasa por conseguir que la formación avance al ritmo de las profesiones, incorpore las herramientas que ya utilizan las empresas y prepare al alumnado para desenvolverse con criterio y autonomía en el entorno laboral.

Los datos ayudan a entender la dimensión alcanzada. En el curso 2025-2026, la Formación Profesional llegó a las 1.211.062 personas matriculadas en España, un 2,5 % más que el año anterior, según los datos de avance publicados por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. Más allá del récord de matriculación, el crecimiento pone el foco en lo que ocurre durante y después de los estudios, cuando lo aprendido tiene que convertirse en conocimiento aplicable, buenas decisiones profesionales y oportunidades para seguir avanzando.

Buena parte del futuro de la Formación Profesional se decidirá precisamente ahí, en la distancia que exista entre aprender una profesión y empezar a ejercerla. Reducirla exige conocer mejor lo que sucede dentro de las empresas, trasladar esa realidad al aprendizaje y acompañar a cada persona durante un recorrido profesional que difícilmente terminará con la obtención de un título.

El futuro de la Formación Profesional se construye entre centros y empresas

La colaboración entre centros y empresas cobra mayor sentido cuando existe un intercambio constante sobre cómo evolucionan los puestos de trabajo, qué herramientas empiezan a formar parte de ellos y dónde encuentran dificultades las organizaciones al incorporar nuevos perfiles. Llevar ese conocimiento al aula permite trabajar con proyectos y situaciones más próximas a la actividad profesional, mientras que la experiencia en la empresa ayuda al alumnado a comprender cómo se aplican los conocimientos, cómo se organiza el trabajo y qué nivel de responsabilidad exige cada tarea.

Los resultados de inserción ofrecen una referencia interesante sobre el valor de esa cercanía. El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes sitúa la tasa de afiliación durante el primer año después de finalizar un Grado Superior en el 51,1 %, mientras que entre quienes cursaron la modalidad dual alcanza el 63,2 %.

La diferencia no explica por sí misma el acceso al empleo, aunque refuerza una idea que debería ocupar más espacio en la conversación sobre FP, cuanto mejor conectadas estén la experiencia formativa y la realidad de una profesión, más información tendrá el alumnado para desenvolverse en ella y más fácil será detectar a tiempo qué aprendizajes necesitan evolucionar.

Infografía sobre el futuro de la Formación Profesional con datos de matrícula, empleabilidad, empresas e inteligencia artificial

Las competencias de la Formación Profesional se aprenden dentro de cada profesión

Conocer de cerca lo que ocurre en las empresas permite dar el siguiente paso y preguntarse qué debería aprender hoy una persona para seguir desarrollándose profesionalmente dentro de unos años. La respuesta no pasa necesariamente por imaginar ocupaciones completamente nuevas, ya que buena parte de la transformación está sucediendo dentro de trabajos conocidos, donde cambian los procesos, aparecen otras herramientas y algunas tareas adquieren una dimensión distinta.

Administración, marketing, informática, comercio o logística mantienen conocimientos propios de cada especialidad, pero la manera de aplicarlos evoluciona y obliga a combinar dominio técnico, gestión de información, comunicación, autonomía y criterio profesional.

La inteligencia artificial ofrece uno de los ejemplos más claros. Según los últimos datos de Eurostat sobre el uso de inteligencia artificial en las empresas, el 20 % de las empresas de la Unión Europea con diez personas empleadas o más utilizó tecnologías de IA en 2025, frente al 13,5 % registrado en 2024. Una adopción de esta velocidad plantea una consecuencia directa para la FP, aprender a utilizar IA tendrá más valor cuando se haga dentro de las tareas propias de cada especialidad, entendiendo qué puede aportar a un proceso, cómo revisar sus resultados, qué información conviene proteger y en qué decisiones sigue siendo imprescindible el criterio de la persona.

Integrar la tecnología de este modo permite trabajar las competencias de la Formación Profesional del futuro desde la práctica y evita convertir cada innovación en un contenido independiente que el alumnado tenga después que aprender a relacionar con su profesión.

El modelo formativo de XFP sigue precisamente ese planteamiento, incorporando la inteligencia artificial de forma transversal y aplicándola a las tareas, herramientas y procesos de cada especialidad, junto con proyectos vinculados a la actividad profesional y contacto con empresas. La IA adquiere así una función concreta dentro del aprendizaje y se utiliza para resolver, analizar o producir, siempre dentro de situaciones en las que importa tanto manejar la herramienta como comprender el resultado obtenido.

Preparar para una profesión tampoco termina al actualizar lo que ocurre dentro del aula, ya que las personas necesitan comprender hacia dónde pueden dirigir lo aprendido y qué decisiones pueden tomar después. La orientación profesional gana valor cuando acompaña ese recorrido desde la elección del ciclo hasta la incorporación al empleo, pero también cuando ayuda a identificar una especialización, valorar una nueva oportunidad laboral o reconocer que determinadas funciones están exigiendo conocimientos que antes tenían un peso menor.

Desde esa perspectiva, la empleabilidad deja de medirse únicamente por la rapidez con la que alguien encuentra su primer trabajo y pasa a relacionarse también con la posibilidad de mantenerse en una profesión, progresar, asumir nuevas funciones y seguir aprendiendo cuando el puesto evoluciona.

El futuro de la formación profesional dependerá en buena medida de que esa información circule en ambos sentidos, desde las empresas hacia los centros para actualizar el aprendizaje y desde la experiencia de las personas tituladas hacia la formación para detectar qué funciona, qué necesita revisarse y dónde están apareciendo nuevas oportunidades.

Con más de 1,2 millones de estudiantes, la Formación Profesional ha demostrado que existe una demanda creciente por itinerarios vinculados al empleo, pero su siguiente etapa tendrá que medirse también por la calidad de las trayectorias que consiga construir. Acercar empresas y centros, enseñar las nuevas herramientas dentro de cada profesión y acompañar mejor las decisiones profesionales forman parte de una misma idea, conseguir que lo aprendido tenga sentido cuando llega el momento de aplicarlo y siga siendo útil cuando la profesión vuelva a cambiar.

¿Qué debería reforzar la Formación Profesional durante los próximos años para acercar todavía más el aprendizaje a la realidad de cada profesión? Te leemos en comentarios.

Elena Mosquera
emosquera@femxa.com

Apasionada del arte, el diseño y la comunicación de marcas y productos, me encanta poner a punto aspectos como la identidad corporativa y el diseño publicitario o web, entre otras áreas. Mi curiosidad me ha llevado a seguir añadiendo habilidades a mi caja de herramientas, incorporando el diseño UX, el desarrollo web, el SEO técnico y el copywriting.

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