Dominar una herramienta ya no basta para desenvolverse bien en el trabajo. Las empresas buscan profesionales que sepan aprender, revisar la información con criterio y responder cuando cambian los procesos, las prioridades o la tecnología.
Índice
Qué habilidades encuentran más difíciles de localizar las empresas en 2026
Encontrar personas con los conocimientos adecuados sigue siendo un problema para muchas organizaciones. La dificultad no se limita a los perfiles tecnológicos: también afecta a la forma de comunicarse, asumir responsabilidades y responder ante situaciones nuevas.
La Encuesta de Escasez de Talento 2026 de ManpowerGroup, realizada entre más de 39.000 empresas de 41 países, señala que el 72 % tiene dificultades para cubrir puestos. Entre las capacidades humanas más buscadas aparecen:
- Comunicación, colaboración y trabajo en equipo (39 %): permiten compartir información, coordinar tareas y avanzar con personas de distintas áreas.
- Profesionalidad y ética de trabajo (36 %): abarcan la responsabilidad, el compromiso y la actitud con la que se afrontan las obligaciones profesionales.
- Adaptabilidad y disposición para aprender (34 %): ayudan a incorporar conocimientos, asumir funciones diferentes y trabajar con nuevos procedimientos.
Estos resultados dejan una idea clara: el currículum puede acreditar estudios y experiencia, pero las empresas también quieren saber cómo trabaja una persona. La actitud ante un problema, la manera de colaborar o la disposición para aprender influyen en el desempeño diario.
La escasez de estas capacidades abre una oportunidad para revisar los itinerarios formativos. Prepararse para un puesto requiere conocimientos específicos, pero también experiencias que permitan ponerlos en práctica, contrastarlos y explicarlos a otras personas.
Las competencias profesionales más demandadas van más allá de lo técnico
Las titulaciones, la experiencia y el dominio de herramientas continúan teniendo peso en un proceso de selección. Aun así, ofrecen una imagen incompleta cuando no van acompañados de capacidades para analizar, aprender o reaccionar ante los cambios.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial sitúa el pensamiento analítico como la competencia central más valorada por las empresas: el 69 % de las organizaciones consultadas la considera esencial. Le siguen la resiliencia, la flexibilidad y la agilidad, mencionadas por el 67 %.
El informe también incluye entre las capacidades más relevantes el liderazgo, la influencia social, el pensamiento creativo, la motivación y el autoconocimiento. La combinación muestra que el rendimiento profesional depende tanto del saber técnico como de la manera de aplicar ese conocimiento.
Además, las empresas prevén que el 39 % de las competencias actuales cambiará o quedará desactualizado entre 2025 y 2030. La preparación para el empleo, por tanto, no termina al conseguir un título o incorporarse a un puesto. La actualización pasa a formar parte de toda la trayectoria laboral.
Adaptabilidad, pensamiento crítico y creatividad: tres habilidades esenciales
Estas tres capacidades permiten afrontar situaciones distintas, pero suelen aparecer conectadas. Para adaptarse a un nuevo proceso hay que entenderlo; para valorarlo hace falta criterio; y para mejorarlo conviene explorar alternativas.
Adaptabilidad para responder a nuevos escenarios
La adaptabilidad permite desenvolverse cuando cambian las herramientas, las responsabilidades o la organización del trabajo. No consiste en aceptar cualquier modificación sin hacer preguntas, sino en comprender qué está ocurriendo y ajustar la forma de trabajar sin perder de vista el objetivo.
Puede verse en una persona del área administrativa que empieza a utilizar sistemas automatizados, en un técnico que aprende a manejar nuevos equipos o en un profesional comercial que adapta su relación con los clientes a otros canales.
En todos esos casos se necesitan conocimientos nuevos, pero también disposición para revisar hábitos, pedir ayuda cuando sea necesario y trasladar lo aprendido a las tareas cotidianas.
Pensamiento crítico para tomar decisiones con criterio
La expansión de las herramientas de inteligencia artificial ha multiplicado la cantidad de información disponible. Obtener una respuesta es sencillo; determinar si resulta correcta, suficiente y adecuada exige más trabajo.
El pensamiento crítico ayuda a contrastar fuentes, detectar errores, reconocer sesgos y valorar varias alternativas antes de decidir. Una persona que utiliza IA para preparar un informe, por ejemplo, necesita comprobar la procedencia de los datos y revisar si las conclusiones responden realmente al encargo.
Esta capacidad no compite con las competencias digitales. Las hace más útiles porque permite utilizar la tecnología con una finalidad concreta y asumir la responsabilidad sobre el resultado.
Creatividad para mejorar procesos y resolver problemas
La creatividad no pertenece únicamente a profesiones relacionadas con el diseño, la publicidad o la comunicación. En el trabajo también aparece cuando alguien detecta una mejora posible, simplifica una tarea o plantea otra manera de utilizar los recursos disponibles.
Un equipo de logística puede reorganizar un proceso para reducir incidencias. Un departamento de atención al cliente puede modificar la clasificación de consultas para responder antes. En ambos casos hay creatividad aplicada a un problema real.
Cuando una parte de las tareas repetitivas se automatiza, esta capacidad gana valor. Las personas siguen siendo necesarias para interpretar situaciones poco previsibles y proponer respuestas que no están incluidas en un procedimiento cerrado.
Comunicación y aprendizaje continuo para completar el perfil profesional
La adaptabilidad, el criterio y la creatividad producen mejores resultados cuando existe una comunicación clara. Saber escuchar, formular preguntas y explicar una propuesta reduce errores y facilita que distintas personas trabajen con la misma información.
Esta competencia resulta especialmente útil en equipos multidisciplinares y en modelos híbridos o a distancia. Cuando parte de la conversación ocurre por correo, videollamada o herramientas colaborativas, elegir bien el canal y dejar constancia de los acuerdos evita malentendidos.
Junto a la comunicación aparece el aprendizaje continuo. Consiste en reconocer qué conocimientos necesitan una actualización y buscar una forma útil de adquirirlos. A veces requerirá un curso; en otras ocasiones, bastará con observar un procedimiento, consultar documentación o aprender junto a una persona con más experiencia.
Quien sabe identificar sus necesidades de aprendizaje dispone de más recursos para asumir nuevas responsabilidades, cambiar de puesto o incorporar una tecnología. La formación deja así de ser un episodio aislado y pasa a integrarse en el desarrollo profesional.
Por qué las habilidades técnicas y humanas deben avanzar juntas
El peso de las competencias transversales no reduce la importancia de los conocimientos especializados. La misma encuesta de ManpowerGroup identifica dificultades para encontrar profesionales con capacidades de desarrollo de modelos y aplicaciones de IA, alfabetización en inteligencia artificial, ingeniería, ventas y marketing, y producción industrial.
La utilidad aparece al combinar ambos grupos de habilidades. Dominar una herramienta de análisis de datos permite procesar información; el pensamiento crítico ayuda a interpretar los resultados. Conocer una solución de inteligencia artificial facilita su implantación; la comunicación permite explicar sus efectos al resto del equipo.
Esta relación se aprecia con claridad en los proyectos de transformación empresarial. Incorporar una tecnología nueva suele exigir que las personas comprendan el motivo del cambio, ajusten procesos y resuelvan incidencias durante la puesta en marcha. Ningún conocimiento técnico funciona de forma aislada.
Por eso, los perfiles profesionales con más recorrido son aquellos que reúnen una base técnica sólida y capacidad para aprender, colaborar y actuar con criterio. Cada componente refuerza a los demás.
Cómo desarrollar las soft skills más demandadas a través de la formación
Las habilidades humanas pueden entrenarse. Para conseguirlo, la formación debe ofrecer oportunidades de práctica y no limitarse a presentar definiciones o recomendaciones generales.
Algunas metodologías permiten trabajar varias competencias dentro de una misma actividad:
- Resolución de casos: obliga a interpretar información, detectar el problema principal y justificar una decisión.
- Proyectos colaborativos: ayudan a distribuir responsabilidades, negociar prioridades y comunicar avances.
- Simulaciones profesionales: permiten practicar respuestas ante incidencias, cambios de criterio o conversaciones difíciles.
- Revisión entre iguales: enseña a formular observaciones concretas, recibir comentarios y mejorar un trabajo.
- Diarios o planes de aprendizaje: facilitan que cada persona identifique qué necesita reforzar y cómo trasladará lo aprendido a su puesto.
Imaginemos una actividad basada en un problema empresarial. El grupo debe localizar información, valorar opciones, repartir tareas y defender una propuesta. Mientras trabaja el contenido técnico, también practica comunicación, organización, creatividad y toma de decisiones.
Para las empresas, este enfoque permite diseñar acciones formativas vinculadas a situaciones que sus equipos encuentran de verdad. Para quienes buscan empleo o quieren reorientar su trayectoria, ofrece competencias transferibles entre distintos puestos y sectores.
El aprendizaje resulta más eficaz cuando incluye práctica, observación y una devolución concreta. También conviene fijar un objetivo aplicable: cambiar la forma de preparar una reunión, documentar mejor una decisión o utilizar un método de contraste antes de aceptar información generada por IA.
Formar para un mercado laboral que sigue cambiando
Las habilidades más demandadas en 2026 muestran un mercado en el que la especialización y la capacidad de evolución conviven. Las empresas necesitan conocimientos técnicos, pero también profesionales que sepan interpretar problemas, colaborar y aprender durante la ejecución del trabajo.
Esto plantea un reto para las organizaciones, las personas trabajadoras y las entidades formativas. Los programas deben responder a necesidades actuales sin preparar perfiles demasiado rígidos, incapaces de desenvolverse cuando cambian una herramienta o un proceso.
Una formación conectada con situaciones profesionales ayuda a trasladar los conocimientos a la práctica. También permite observar cómo se comunica una idea, cómo se argumenta una decisión o cómo se reacciona cuando la primera solución no funciona.

Entiendo la comunicación como una forma de conectar ideas, personas y oportunidades. En Femxa desarrollo campañas, contenidos y proyectos que acercan la formación a quienes quieren seguir creciendo profesionalmente. Mi experiencia me ha llevado a combinar creatividad, análisis y estrategia para dar forma a cada iniciativa, comunicarla con claridad y hacer que llegue a las personas adecuadas.